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Un año después de la Firma

Bogotá, 24 de noviembre de 2017
Hace un año se acabó la guerra entre la Fuerza Pública y las FARC-EP y el país emprendió el difícil camino de implementar el acuerdo que hace posible el fin de la confrontación armada. Alrededor de 7000 guerrilleros y guerrilleras dejaron 7132 armas, 4000 milicianos y milicianas se desmovilizaron y unos y otros crearon un partido legal para participar en la política sin armas. No obstante, la implementación avanza de manera lenta y descoordinada y es evidente la intención de algunos sectores políticos dentro y fuera del Estado de cambiar el espíritu del Acuerdo Final suscrito hace un año en el Teatro Colón.
Al cumplirse el primer aniversario del Acuerdo Final para la terminación del conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera no se resuelve en el Congreso la reglamentación de la Jurisdicción Especial para la Paz, sigue envolatada la reforma política y son relegados temas cruciales como la reforma rural integral.
Se acabo la confrontación armada entre el Estado y la FARC-EP, pero 33 ex guerrilleros de las FARC-EP y 94 líderes y lideresas sociales han sido asesinados, se consolidan las disidencias en, por lo menos diez departamentos del país, y las mafias del narcotráfico con su inmenso poder de corrupción y cooptación de poderes políticos locales, impiden la sustitución de cultivos de uso ilícito y potencian nuevas formas de violencia rural y urbana del “postconflicto”.
El primer aniversario de la firma del Acuerdo Final para la terminación del Conflicto Armado y la construcción de una paz estable y duradera ocurre cuando en Congreso le incumple a la paz porque no aprueba las reformas que garantizan su implementación o intenta cambiar su esencia, mientras que la Corte Constitucional cambia sustancialmente el propósito de la justicia transicional.
A un año de la firma del Acuerdo el Congreso de la República desacata la orden de la Corte Constitucional que obliga a los poderes públicos a implementar de buena fe y de manera armónica el Acuerdo de Paz, el gobierno nacional admite que hay atrasos y dificultades para cumplir lo acordado y la Corte Constitucional, negando su propia doctrina, cambió el espíritu del Acuerdo y excluyó a agentes no militares del Estado y tercero civiles de la obligación de comparecer a la Jurisdicción Especial para la Paz.
El fin del conflicto armado ha salvado vidas. Entre 2012 y 2016, cuando se hicieron públicas las negociaciones y se pactó un cese al fuego bilateral, se salvaron 3695 vidas (por la vía de una drástica disminución de homicidios). Según el Hospital Militar Central, entre enero y noviembre de 2017 han atendido 24 integrantes de la Fuerza Pública heridos en combate, 400 menos que los atendidos en 2011 (424). Mientras que en 2012 el Hospital Militar atendía 266 integrantes de las Fuerzas Armadas víctimas de explosivos, en 2017 la cifra disminuyó a 16. En 2011 ingresaron por heridas de arma de fuego al Hospital Militar 191 oficiales y suboficiales, en 2017 la cifra se redujo a ocho (8). Si en 2012 el Hospital Militar reportó la amputación de extremidades de 129 soldados, en 2017 la institución reportó tres (3) casos de amputación.
Un año después de la firma del Acuerdo en el Teatro Colon se designaron los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz, se conformó la Comisión de la Verdad y se designó a la directora de la Unidad de Búsqueda de personas desaparecidas, pero aún no opera el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de no repetición que establece el Acuerdo.
Se aproximan las elecciones para renovar el Congreso y elegir nuevo presidente de la república y el tema del Acuerdo entre el Estado y las FARC-EP sigue siendo un referente en el debate publico que aún tiene influencia en la contienda electoral.
La transición del conflicto armado a la política, garantizando la justicia y respetando los derechos de las víctimas, sigue siendo un asunto traumático para una sociedad que, a diferencia de quienes se enfrentaban en el campo de batalla, aún no se pone de acuerdo para pasar la página de la guerra e iniciar el camino de la “paz estable y duradera”.

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